viernes, 13 de enero de 2012

Carta a sus divinidades, las musas.

¡Qué difícil es coger inspiración cuando las musas se rehúsan a echarte una mano solidaria que aleje la sequía de ideas y la crisis de creatividad! ¿Por qué? ¿Por qué me han abandonado? ¿Acaso las he ofendido? Se los digo sinceramente, respetables y altísimas señoras... Si las he ofendido o he tenido cualquier actitud, por ínfima que fuese, que las haya ofendido, les ruego, les suplico, les imploro que me perdonen... Que acudan a socorrerme. Quiero ayuda. ¡Necesito ayuda! Ustedes saben que... sin su ayuda, yo no soy nada ni nade. Que mi escritura es definitivamente insípida y estéril sin ustedes, sin su magnifica asistencia. Les agradezco por escuchar a este su humilde servidor, mis ilustres damas. Sé que no dejarán desamparado a este pobre lector que se piensa aspirante a escritor. Gracias, gracias, gracias...


Alejandro Salamanca,
 Un joven menesteroso y dispuesto a cualquier empresa, con tal de conseguir su divino y fundamental favor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario