Días finales. Hoy fue el último día del curso preuniversitario. El famoso, necesario y... sí, emocionante CPU (como diría Stefanny). Al fin terminó. Todo parecía tan lejano. Como si fuera inasequible. Pero llegó. Ahora resuenan en mi mente las palabras de la madre Llenín: "Todo llega". Los años no han pasado en vano por su vida. El tiempo... ese que jamás perdona a nadie. ¿Existe alguna semejanza entre "justicia" y "tiempo". Es que uno se confunde porque se supone (en un mundo ideal) la justicia no perdona a nadie ni condena a quien no se lo merece. En el mundo de los conceptos es así. Pero es como si alguien se hubiera equivocado, como que hubiera mezclado por accidente (espero) partes de las definiciones de justicia y tiempo. Sí, eso debe haber pasado. El tiempo es quien verdaderamente no perdona a nadie. No condena más a los pobres que a los ricos. Ni anda respetando a armados y metiéndole la verga a los indefensos...
Pero estaba hablando (figuradamente) de el último día. El día final, pero no de juicio. Juicio hay todos los días. Pero este fue el último del curso. Tengo sentimientos encontrados. Como línea general, yo no me siento triste al final de una etapa en mi vida. Una "etapa". Pero esta vez siento diferente. Me va a hacer falta cuando vea el reloj virtual en mi monitor marcar las doce, ir a bañarme. Pensar en el martirio para el dueño de un par de pies planos de caminar desde La Ceiba hasta a la UCA. No sé. Tener algo qué hacer también. Sospecho que en este tiempo las oportunidades de continuar con la saga de "Forever Alone" se verán aumentadas de sobremanera.
¡A la verga!
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